Soluciones prácticas vs. soluciones reales

Estaba leyendo unanoticia sobre una empresa de SEO, marketing por Internet, que fue demandada por cobrar mucha plata a clientes con poca cultura en Internet que tienen negocios y no cumplió con lo que prometió.

La noticia fue publicada en Slashdot, un sitio que visito seguido, pero que tiene la desventaja de estar super poblado por lo que yo llamo Geeks Extremistas. Esta gente critica a más no poder todo sin dar comentarios con contenido.

Las reacciones que me llamaron la atención son la del tipo: “los clientes hubieran visto que la empresa no era confiable” o “se sabe que SEO es muy relativo” etc.
El mismo estilo de opinión lo vi en las noticias hace un tiempo, lo cual lo hace más grave, en donde se hablaba sobre si la gente hacía bien o no en sacar y usar su celular en las paradas de buses y de esta manera estar a la mira de ladrones.

A lo que voy es que está bien, uno no debería hacer las cosas sin pensar, pero qué es lo que pasa? quién está mal? el ama de casa que contrató un servicio sin conocer los riesgos y las propuestas falsas? la señora que usa un servicio en la calle, para llamar a su familia y luego es asaltada? o es culpable la empresa que ofrece un servicio que existe, aunque no es 100% confiable y el ladrón que acecha en busca de su cuota de celulares diarias (que además luego vende a otros comercios / personas).

Tenemos que acostumbrarnos a ver estas cosas en las noticias y a pensar en la mejor solución, no en la que más nos conviene porque sino se crea costumbre. En este caso se crearía costumbre de que el cliente, que debería ser el privilegiado, es el que tiene que ser el comprador / auditor de la empresa y la persona que quiere usar su celular en la calle (¿acaso no se inventaron para eso?) debe ser una experta en seguridad vial.

Además… ¿a donde estan los controles a empresas? por qué el juzgado se tomó tanto tiempo para investigar a la empresa… ¿a dónde está la justicia en las calles? quién le compra los celulares a los ladrones. Es más fácil pecar de vivo que ver la triste realidad.

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