La Celda

Despertó de repente, en absoluta oscuridad. Permaneció unos segundos en ese estado, los pensamientos acostumbrándose a la vigilia. Entonces el sobresalto, la ausencia de luces, no era posible ya que las ventanas nunca se cerraban. No veia nada. Dio media vuelta y se levantó con la intención de ponerse de pie pero el dolor llega desde su pie al golpearse con una pared. Ese no era su cuarto, o algo había cambiado de lugar. En su mente lógica pensó en qué lugares de la casa podía estar. No era sonámbula, esto no tenía lógica alguna.

Tanteó al rededor, la cama que no era suya, una pared a la derecha y al fondo, libre en los otros lados. Estaba descalza, se contentó con no estar desnuda. Por un momento pensó si estaría todavía soñando, pero no era el caso. Con cuidado palpa el suelo con una mano, está frio y la textura parece metal… “definitivamente no es mi casa”, piensa.

Se levanta, apoya los dos pies sobre el suelo y una luz rojiza se enciende revelando la pequeña habitación. El terror la toma por asalto mientras sus ojos revisan los detalles: lavatorio pequeño, cama pequeña, un inodoro pequeño y nada mas en el cuarto de igual tamaño. No hay ventanas. Solo unas líneas marcan la pared desnuda, lo que aparenta ser una puerta, sin cerrojo y sin mecanismos. El pensamiento de que solo puede ser abierta desde afuera la hace desesperar. Piensa en posibilidades: “¿me habré vuelto loca?”, “¿Es esto una cárcel?”. Lo último que recuerda es estar en su apartamento, cancelar una cita que no pudo ser y hecharse a dormir una siesta en una tarde aburrida de lluvia. Piensa, se toca la muñeca, el reloj no está. De repente un zumbido invade su mente y siente un calor intenso en los pies mientras la electricidad llega desde las piernas hasta la cabeza. Entre el reflejo y el espasmo cae en la cama, se golpea la cabeza, grita. Grita nuevamente por el dolor y el terror. ¿Qué está pasando? Nunca se sintió tan desesperada, nada tiene sentido. El zumbido se apaga.

Llora desconsoladamente y grita que la dejen salir. Las horas pasan y la desesperación aumenta. Grita que debe ser un error, que quiere llamar a un abogado. Es increible las cosas que dice en la espera de que alguien la escuche. Pero no llegan respuestas. Pierde la noción del tiempo. En esa oscuridad pueden haber pasado minutos u horas desde el evento del shock eléctrico.

En un ejercicio mental por mantener la cordura y entender el tiempo comienza a contar con su cabeza los segundos. Cuando lleva 4 minutos la voz de su cabeza, la parte racional y práctica le pregunta por qué pierde el tiempo, qué gana con saber cuántos miutos, horas pasan. Mejor intentar buscar esa puerta, ver si hay agua. La voz tiene razón, nosabe cuánto tiempo estuvo ni cuánto tiempo la tendran atrapada… es una realidad, alguien la llevó ahi y sea una burla (otra posibilidad que se cuzó por su cabeza y sus súplicas) o un error nefasto no sabe absolutamente nada de este lugar. Piensa por un momento que a pesar de todo su conocimiento general no conoce cárceles con suelos electrificados. Este lugar es demasiado siniestro. Su corazón se contrae.

Se queda unos minutos con la cabeza apoyada en las rodillas. Desde que despertó siente un poco de claridad. No tiene hambre, no debe haber pasado mucho desde la siesta. En un pensamiento terrorífico se toca el pliege de los brazos buscando las marcas de una sonda o una aguja, no lo encuentra. Se palpa el cuerpo y no nota nada extraño. No se siente mal. Es hora de ponerse a buscar una salida.

Tomando valor decide tocar el suelo, decide hacerlo conla palma vuelta hacia arriba. En algun lugar habia escuchado que los músculos tienden a contraerse con la electricidad y cerrar la mano. Lo intenta, no siente nada. Se distrae tocando los bordes de la cama, también de metal. Piensa, pone un pie sobre el suelo, lo levanta. Vuelve a ponerlo y pone el otro, aun sentada. Nada ocurre. Se pone de pie, el cuarto imperturbable, dormido. Da un paso en puntas de pie hasta el lavatorio, retira la mano casi instintivamente temiendo otro shock pero no pasa nada. Apoya la mano sobre el grifo y lo abre, el líquido cae, pero no lo ve, pasa la mano por el chorro justo cuando el zumbido la vuelve a tomar por sorpresa, se tambalea y cae en la cama. Llora y grita de frustración. Se agarra la cabeza y siente extraño, algo huele mal. Saborea con la lengua el líquido en su mano y sabe a sangre. No sabe si es su cabeza, si hubo otro golpe… de repente piensa en otra posibilidad: no hay agua, lo que sale del grifo es sangre y está electrificada. No soporta la imagen en su cabeza y el enojo despierta su instinto más práctico: toma la sábana de la cama y la tira al suelo, rompe un pedazo y se la envuelve en su mano. Se pone de pie sobre la sábana arrugada y con la mano abre el grifo. Deja que se empape un poco la tela y vuelve rápidamente a la cama. Huele y saborea lo mismo. Definitivamente lo que sale del grifo es sangre. No puede ver su color pero se imagina un rojo oscuro espeso. Vuelve a levantarse y tantea la pared, parece cemento pero no lo es, se siente frio, golpea y nada suena hueco. Busca los bordes de la puerta mientras grita que la dejen salir y entonces el sumbido vuelve. Solo que esta vez el shock no la alcana… sin embargo el calor se empieza a sentir justo bajo sus pies cuando nota que la luz roja le regala algo de visibilidad. Desde esa posición nota una especie de bolso el costado de la cama. Lo toma y salta en la cama.

Toma el bolso, parece de cuero pero nada que ella recuerde suyo, en su interior hay un libro de tamaño mediano. Su cabeza le dice que es una biblia pero aun asi no puede mirarlo. Lo tantea a ciegas y no encuentra ningun relieve. Al abrirlo se da cuenta que está en braile.

Un sonido la pone alerta, nada que haya escuchado antes, pero suena mecánico. Espera unos minutos y nada ocurre. Grita y reclama en medio del silencio absoluto, ni siquiera hay ecos que contesten sus plegarias. Comienza a sentir sed y una especie de gusto extraño en la boca como el que deja el edulcorante en los bordes de la boca. Siente rabia, siempre se enoja cuando tiene hambre. Se pone de pie sobre las sábanas y grita aun mas fuerte para que la dejen salir. El rojo vuelve con el zumbido y el calor en los pies, sigue gritando y golpeando. De repente el calor aumenta rápidamente y salta a la ama justo cuando la sábana se enciende en llamas. Evidenmtemente el calor y la electricidad aumentan. Se pregunta a la velocidad de la luz si ese mecanismo responde a su peso mientras otro pensamiento golpea su instinto de supervivencia: la habitación es hermética, el humo me asfixiará, tengo que salir. Mira hacia arriba, hacia la oscuridad, esperando ver un mecanismo de emergencia, un extingidor… pero no ve nada. Grita mientras ve la sábana apagándose y el olor a humo le regala su primera tosida.

Entonces los bordes de la pared, justo donde está la puerta se iluminan con un tono claro y la puerta se abre. La luz la enceguece y se tapa con un brazo. Espera a que se acostumbren los ojos pero se pone en guardia, casi que esperando a que alguien entre a sacarla por la fuerza. Su mente le regala un poco de culpa también, quizas regalo psicológico de su madre. Hasta que puede escucharla recriminándole haber quemado las sábanas. Piensa que en caso de tortura se quebraría al instante. Pero nadie viene a llevarla. Ve por primera vez en horas y solo puede ver un suelo de cemento y un muro a lo lejos, demasiado lejos. El lugar afuera parece enorme. Se pone de pie y casi no se da cuenta, esquiva los restos de la sábana aun humenado. Avanza rápido hacia el borde por miedo a una electrocutación instantánea. Su campo visual se amplia bajo la puerta y una lágrima cae por su rostro. Al costada una fila interminable de pared gris muestra una única entrada, la de su celda. El patio tiene un piso gris claro de un material que ella desconoce, quizas el mismo de las paredes… y a lo lejos un muro blanco. Calcula que puede haber unos quinientos metros o mas… a los costados no se ve nada mas. Esta sola en este infierno gris.

El cielo esta azul y no se ven nubes. Sentada en desolación, con su mente en shock casi no escucha el ruido a vacío y aire de la pared hasta que escucha los pasos en su espalda. Una mujer con un camisón blanco, igual al suyo se acerca hacia ella. No lleva mas adornos que un espejo y en su cara la tristeza y el desencanto se léen como los surcos de su cara.

“¿Qué es esto? ¿En dónde estoy?” le pregunta casi gritando y en un tono extraño, casi ahogada por el llanto. La extraña se limita a mirarla, algo de piedad se ve en sus ojos, no le contesta pero le extiende el espejo. Duda, “¿Para que…” comienza a preguntar con frustración pero la voz en su interior le dice que es mejor averiguar. Cuando ve la imagen en el espejo siente como el mundo se devuelve en si mismo hacia su persona, se marea, mira a la extraña como preguntándole por qué y se desmaya.

Despierta en la oscuridad, la tristeza la invade sin permiso, llora, sabe en dónde esta, aunque no entiende cómos, por qués ni propósitos, quizas esto es el infierno. Se siente agotada y la depresión la sumerge en un estado semi catatónico. Entre el sueño y el agotamiento, la frustración y la resignación su mente recuerda aquel momento y su imagen en el espejo, quizas con unos veinte años mas. No es posible. Quisiera morir en ese preciso momento pero una última imagen y pensamiento la mantiene alerta. Ademas de querér saber el por qué un último segundo antes de desmayarse le hizo ver a su yo real, el que ella conoce, justo antes de la siesta, peinándose frente a un espejo. ¿Sería ese el reflejo de su yo real? ¿Es este lugar, esta celda un paralelo infernal de algún tipo? “Tengo que averiguarlo” piensa y vuelve a dormirse para nunca mas despertar.

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