Se puede aprender tanto de una persona al verla jugar

Hace unos años en un trabajo, y no me acuerdo por qué, terminamos jugando un juego de mesa. Entre los participantes estaba el jefe y varios compañeros y compañeras de trabajo. No voy a entrar en detalles ni nombres, el juego es uno de esos juegos en donde hay que usar un poco de matemáticas (sumar nomas) y la cabeza.

Como en todo juego lo interesante es que sin importar el cargo, lo que tengamos puesto o la apariencia las reglas aplican para todos y se consigue una de esas treguas sociales. Sin embargo yo no creo en eso de separar el trabajo de la vida personal o el amor de otros sentimientos. Uno es como es, íntegro. El resto son excusas estúpidas para justificarse y los juegos son simplemente abstracciones de la realidad, un campo de pruebas en donde se trata de que las simulaciones sean algo didáctico.

La cuestión es que llegó un punto entrado el juego en donde le tocaba a mi jefe. Era una movida complicada, pero mientras él hacía sus cálculos mentales los demás comenzábamos a ver que la jugada no tenía un final feliz, los números no iban a cerrar. A pesar de que si la jugada salía (según recuerdo) él podía ganar; si la perdía no iba a quedar bien parado.

Entonces comenzó lo interesante. Empezó a justificar sus pruebas, mover fichas y por breves momentos parecía que su plan si tenía consistencia. Había cierta tensión en el aire. Pero mientras la realidad ya daba por sentado que no había manera de ganar esa mano yo pensaba algo que se me quedó grabado a fuego en la memoria: “Va a hacer lo que sea necesario para llevar el juego hasta el final, gane o pierda porque eso es lo que él hace en la vida real. A su manera, hasta el final”. Y así fué y ese juego me enseño mas de lo que esperaba. No solo no ganó la partida sino que el despelote que se armó con pruebas, habladas y movidas de fichas hizo imposible devolver el juego al punto en donde estaba.

Eso fue un poco permisivo de nuestra parte también, deberíamos haber aplicado el famoso “pieza tocada, pieza movida” y no permitir mucho cambio y pérdida de tiempo… pero era el jefe. Y asi no solo ni gano ni perdió sino que todos perdimos el hilo… bueno, en realidad, a lo político, quizás él si gano porque podemos decir que en el medio del despiche el ni siquiera perdió.

Eso me enseño a ver de manera diferente los juegos, pero sobre todo como se comporta la gente, el poder y la capacidad de distracción y la complicidad… ya sea permitida o inconsciente. En la política eso se repite una y otra vez. Es el arte de enredar a tal punto las cosas que al final se pierde la perspectiva y no se sabe ni cómo seguir, ni como volver atrás y en apariencia todos pierden. ¿Todos pierden?

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