Una historia de motivación

Desde chico había música en mi casa. Mi mamá y papá no son músicos, pero tenían una colección modesta de discos y cassettes. Son los 80s y cada viaje en auto, corto o largo, estaba acompañado de música. Quizás gracias a los viajes al “Terreno” debo mi apreciación a la música en conjunto con un ambiente (seguramente prenatal) cargado de música. Nota al margen: El “Terreno” es el lugar que compraron mis papas mas o menos al tiempo de nacer yo. Se hizo una casa que siempre estuvo en arreglos y que sirvió para muchas vacaciones y actividades. Mientras escribo esto me pregunto si por llamarla “El Terreno” eso haya influido a ese estado de finalización inconclusa. Totalmente anecdótico.

Volviendo al tema principal. En los viajes, los silencios hacen que uno se mezcle mejor con la música y en medio de esos viajes con Serrat, Quilapayún, Silvio Rodriguez, Victor Heredia y otros llegué a los 8 años. Y no recuerdo bien por qué (publicidad, seguramente) pedí mi primer cassette que era Thriller de Michael Jackson. En realidad debo aclarar que no estoy seguro si ese fue realmente mi primer cassette pero no hay muchas opciones. Era Thriller, un compilado de canciones pop o el All The Best de Paul McCartney.

En la escuela tenía compañeros que escuchaban música que no era la que yo estaba acostumbrado a escuchar… estamos hablando de chicos de 8 años todavía. Asi conocí The Cure, Soda Stereo, Enanitos Verdes y otro montón de bandas que no recuerdo ahora. No se cómo ni cuándo en ese período escuché dos bandas que fueron las que realmente me llegaron e influenciaron en la idea de empezar a tocar: Europe y Pink Floyd. Los solos sobre todo y la sensación que producían (y siguen produciendo esas bandas y otras que siguieron) es el sentimiento que desde aquellas épocas me motiva a tocar.
No entendía las letras pero eso pronto cambió con las clases de inglés particulares a donde nos mandaban a mi hermano y a mi nuestros papás… el equivalente del día de hoy de que los niños aprendan Mandarín. Por suerte las clases, mayoritariamente y hasta antes de empezar la secundaria, nos la daba Cathy que era la paciencia en vida para enseñarnos. Excelente maestra y no se qué formación habrá tenido (cosas que me pregunto ahora) pero intentaba diferentes métodos ademas del libro Streamline para que aprendamos sin mucha complicación. Uno de esos métodos era sacar letras. En esa época no había Google asi es que Cathy las sacaba en la clase o fuera de ésta. Eso no solo me ayudó a aprender sino que fue una costumbre o gusto que nunca dejé, la de leer y entender las letras, me dio otro nivel de apreciación y descubrí que muchas canciones insulsas pueden cobrar vida si la letra es buena o transmite algo.

Hasta acá quiero mostrar algo de universal importancia en toda esta historia, y es la necesidad de que el ambiente sea propicio para desarrollar una apreciación. En este caso, es la música, pero puede ser cualquier otra cosa. Padres que escuchan música, música en la casa, el auto, compañeros de escuela… incluso en la parte educativa, la importancia de rodearse de gente dispuesta, que no hace las cosas por presión o si ese es el caso lo hace más por gusto y profesión que por el dinero. Gente que comparte y enseña y un ambiente propicio, esa es la clave. A veces me pregunto ¿Qué hubiera pasado si mis papás no hubieran sido de clase media? ¿Me hubieran negado comprar música? Quizás no por maldad sino por falta de presupuesto. O qué hubiera pasado si mis amigos hubieran tenido mala infancia y en vez de compartir y hablar de música hubieran encontrado mas productivo burlarse de mi o ignorarme por alguna diferencia no natural. Qué hubiera pasado si mi profesora de inglés hubiese sido una amargada del tipo “Presten atención al libro y ya” o “No me pagan para esto”. La creatividad no es un don, se ejercita también.

De vuelta a la historia. Resulta que mis amigos deciden formar una banda, pero es el año 87 y nos mudamos de Belgrano a Vicente López, son apenas 20 kilómetros pero es un mundo. No se si ellos llevaron a cabo su plan, pero yo me lo tomé en serio y entre mi gusto y esa meta me metieron a estudiar guitarra (a pedido= en un lugar que se llamaba Arte Vivo y ahí hice casi un año de música popular / clásica. Ahí tuve mi primer contratiempo con la música. Pero antes de contarles eso debo mencionar dos cosas: 1) Era tal mi fiebre de esperar a que me compren una guitarra que una vez agarré una caja de zapatos, le hice un hueco y le puse bandas elásticas. 2) Mi primer profesor fue Máximo Pujol. Años después me enteré quien era, a nivel de músico. Y con eso quiero volver al concepto de accesibilidad e importancia del ambiente. Hoy día Máximo Pujol es un guitarrista muy conocido, lo pueden buscar en Google y ver videos y toda la cosa.
Debo confesar que gracias a que la música popular no me llamó la atención hasta años después y la clásica no tanto, siento que no aproveché esas clases. Pero era un chico de unos 9 / 10 años. Lo que si les puedo decir y este es otro concepto del que quiero hablarles es que no muchos años después escuché mas música de ese tipo porque ya había tenido un encuentro anterior con el género, en esas clases. Con esto quiero decir también que el concepto de fracaso es totalmente virtual. Nadie me puede quitar lo aprendido ni lo absorbido y muchas cosas que se absorben no se despiertan hasta tiempo después. Todos tenemos barreras, pre conceptos y prejuicios, quizás si no me hubieran enviado a esas clases nunca hubiera apreciado la música clásica y la popular o hubiera tomado más tiempo en hacerlo. Además no es solo apreciar una cosa más, es obtener un parámetro más para no discriminar y reconocer una diversidad que para muchos asusta (“Ehh el pop es de maricones, el metal es de machos”).

Al final de ese período había una muestra y mi profesor vio que yo estaba flojo. Ahora puedo reconocer en esos años los primeros síntomas de burnout y agotamiento mental causados por diferentes presiones en la escuela, estilo de vida en general  Supongo que hoy día me hubieran diagnosticado con principios de TDAH ya que para esas mismas épocas conocí un vicio que aun me acompaña: el de las computadoras. Pero esa es otra historia que retomaré más adelante. La cuestión es que me costaba practicar, no encontraba las ganas. Entonces el profesor me dijo sincera y directamente que si para el último ensayo no salía bien entonces que era mejor que no participara. De todas formas me dejaron y esa charla surtió efecto. Por presión a fallar practiqué y practiqué. Como siempre nunca sentí estar cómodo, pero aun así fui. Creo que es la segunda o tercera vez que pienso en eso en detalle. Recuerdo que practiqué hasta el último momento y antes de salir repetí el ritual de lavarme las manos con un jabón de glicerina ya que las manos me sudaban y temía equivocarme.

Toqué, salio bien, pero eso me enseño que a veces no es solo lo que a uno le gusta, también hay que ponerle. También (y años después lo entendí mejor) tuve mi primer dosis de que a veces el placer de lo que uno hace se disfruta después y no durante.

Nota: este post se hizo largo y hay otro de igual o mayor tamaño esperando. Lo que empezó como una reflexión y muestra de varios puntos se hizo grande, entonces lo voy a tirar por partes. Espero le haya gustado y aportado.

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