Victoria: día 1

Y nació Victoria. Un día de mucha felicidad, matices y emociones fuertes. Lo que me lleva a la reflexión del día. Evidentemente uno no puede desconectarse de lo que es, aunque puede suavizarlo. Desde la llegada al “hospi” uno ve la cara del guardia, los comentarios, el trato seco de algunos doctores, enfermer@s. Claro, con la alegría del momento uno esta como en esos video juegos, en una burbuja de protección.
Mientras esperaba a que me llamen al parto (cosa que nunca sucedió porque no dio ni tiempo de entrar a sala de labores) me puse a leer comunicados en papel pegados en las paredes del Max Peralta. Una manera de matar la ansiedad. Ahi había temas de seguridad, por casos que mi imaginación no quiso ramificar muchas veces, denuncias de falsos datos sobre muertes y problemas de bacterias hospitalarias y el pedido de siempre de un nuevo hospital porque el actual quedó chico hace años. Por eso, en parte, no me enojé cuando la señora me dijo de mala manera en dónde poner el bolso o cuando me hicieron preguntas con poca paciencia. Gente que hace mas de la cuenta. Ese es el resultado. Pero es terrible.

Durante el día también se comentó el caso de un conocido al que apuñalaron por robarle y que por suerte esta bien. Y de un muchacho que se murió de cáncer mucho antes de lo que uno considera como temprano. El balance de la vida y la muerte, en unas pocas horas.

Todo esto me recordó las preguntas de hace ya varios años cuando me cuestioné el tema de traer mas gente al mundo. Es un mundo lleno de problemas, aunque mucha gente quiera tener ese filtro, la burbuja, bien gruesa día a día. Yo prefiero ver las cosas como son y sacar el balance, aunque duela. Y sin embargo, la actitud contra todo eso y la respuesta a ese tipo de preguntas viene de algo que siempre dice mi viejo “esta todo por hacer”. Creo que esa es la actitud correcta. Es todo un despelote, pero para los que gustan de buscarle la vuelta y solucionar cosas, la realidad nos muestra un panorama abierto. Dificil, pero abierto. Eso es lo que hace falta. Salir de la escasez, de cerrarse a los problemas (que ademas hacen que uno se cierre a otras personas)… y buscarle la vuelta. Al fin y al cabo la vida siempre ha seguido adelante por eso mismo. Todo suma. Pero si al final el número da negativo, esta en cada uno y en el todos ver qué fue lo que se hizo al respecto.

Miedo a la Realidad

A las personas en general les gusta creer, a ciegas. Como los locos, pensando que de alguna manera las cosas se encausan solas en medio de actitudes sin control pero que tienen “sentido”. Viendo pequeñas maravillas en medio de la nada. Y siempre con miedo a esos repentinos momentos de lucidez y esparcimiento en donde podemos tener una instantánea de la realidad como foto completa. Siempre acostumbrándonos a silenciar esos momentos con la distorsión más fuerte y placentera que podamos encontrar.

Entonces tener miedo se convierte en algo cotidiano. Una nueva medida. La adrenalina se vuelve adicción. Nos acostumbramos a vivir en ese estado alterado. Entonces pasan cosas raras, los valores se tuercen. Tirarse de un puente atado de las piernas es símbolo de audacia, pero reconocer al hijo engendrado en un breve momento de placer es un evento que debe ser evitado en el nombre de la audacia, cuando en realidad es la vergüenza la que susurra al oído.

Nos da miedo la vida mas que la muerte y eso se puede ver en que buscamos mas a la segunda que a la primera mientras a viva voz gritamos que estamos vivos.